Sonido blanco es ese momento en el tiempo, ese espacio o lugar en el que solo eres tú mismo. Nada de lo que te rodea interfiere en ti. Solo estás tú.
miércoles, 7 de octubre de 2020
sábado, 16 de mayo de 2020
Todos mis eneros.
Me mirabas a escondidas, lo supe. Tus ojos brillaban reflejados en el cristal que tenía delante. Estabas imaginando el olor de mi pelo, te delató un suspiro. Hay quien dice que existen olores que son hogar. ¿Es por eso que te encanta? Las yemas de mis dedos acariciaban las teclas de mi portátil. Mi mente pensaba en tu piel, lo confieso. Tus labios alertaban a mi sistema nervioso de que seguir de espaldas a ti no era ni siquiera una opción. Ese maldito cristal también te delató con eso, lo siento.
Pudiste acercarte, pero no lo hiciste. Evadías el momento con cualquier cosa que pudiera captar tu atención. Dejando que la descarga de emoción que provocabas en mí no me dejara seguir escribiendo. Haciendo que en apenas un segundo las estanterías de aquella biblioteca pasaran de ser casa para libros, a ser confidentes. Nos verían besarnos como aquella primera tarde de enero, muchísimos eneros más.
Me mirabas a escondidas, lo supe. Tus ojos brillaban reflejados en el cristal que tenía delante. Estabas imaginando el olor de mi pelo, te delató un suspiro. Hay quien dice que existen olores que son hogar. ¿Es por eso que te encanta? Las yemas de mis dedos acariciaban las teclas de mi portátil. Mi mente pensaba en tu piel, lo confieso. Tus labios alertaban a mi sistema nervioso de que seguir de espaldas a ti no era ni siquiera una opción. Ese maldito cristal también te delató con eso, lo siento.
Pudiste acercarte, pero no lo hiciste. Evadías el momento con cualquier cosa que pudiera captar tu atención. Dejando que la descarga de emoción que provocabas en mí no me dejara seguir escribiendo. Haciendo que en apenas un segundo las estanterías de aquella biblioteca pasaran de ser casa para libros, a ser confidentes. Nos verían besarnos como aquella primera tarde de enero, muchísimos eneros más.
lunes, 13 de abril de 2020
Dame alas.
Abro los ojos y aspiro todo el aire que me permiten mis pulmones. El sol en el ocaso se refleja en mis gafas. Camino rápida por la fila de tablas hasta que mis pies caen en la arena. Siento en mis dedos la arena fina que los cubre. Es suave y está caliente, aunque no quema.
Sigo caminando hacia donde rompen las olas, como imantada por algo invisible. Ese sonido es de los que más me gustan en el mundo. El agua que rompe con el viento y cae en la arena formando la espuma blanca que te cosquillea en los pies.
Huele a sal, a aire fresco y me siento libre. El sol cada vez cruza más la línea del horizonte y cada vez crea colores más bonitos en el cielo. Si tuviera alas lo perseguiría tras ese horizonte, siguiendo el inmenso mar que tengo delante de mí ahora. Si tuviera alas podría volver cada vez que quisiera, cada vez que lo necesitara. Podría volar siempre y que nadie me encuentre.
El sol termina de esconderse y cierro los ojos, suena el despertador.
Otro día más en la jaula.
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