domingo, 4 de junio de 2017

Domingo.
Hoy es de esos días. De esos que no sabes que hacer, de esos que te caen encima sin tu esperarlo ni darte cuenta. 
Hoy es día de pelos a lo loco, de mechones sueltos, de camiseta básica y pies descalzos. Es domingo de no saber estar y de no saber por qué estarlo. Domingo aburrido y monótono rodeada de apuntes. Tres subrayadores y un bic azul. El guion que acabas de hacer y el tema que no te entra en la cabeza. O... que tal vez no quieres meter dentro. Porque es día de pensar, de replantearte y de caer en el limbo. Que igual eso que tienes que memorizar no te va a servir nunca más para nada. Que todas las notas que saques ahora no te van a definir por dentro. 
Es domingo de ventilador, agua fría y galletas de chocolate. 
Domingo en el que encuentras un vídeo que te trae directamente hasta aquí, con su melodía de fondo. Domingo en el que cualquier cosa puede ser tu inspiración. Domingo de leer, de escribir, de imaginar, desear y no moverte. De esperar que se produzca el cambio. De esperar que te lo hagan todo. Qué pereza. Qué autoengaño.
Luego llega el lunes. El corte tajante de lo cotidiano que te devuelve a... nada. Realmente el lunes no me devuelve a nada ni a nadie. Todo va a seguir estando exactamente igual. Y todo va a seguir estando ahí, esperándome. Justamente donde lo dejé el día anterior. Pero tal vez un día algo no vuelva. Tal vez un día la que no regrese sea yo.